• Qué es el Trueque de Mezclilla

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    Es un evento creado por las marcas mexicanas Llamarada y Monona.

    Tiene como objetivo principal la recaudación de materia prima textil para darle nueva vida reutilizándola al crear objetos de diseño y prendas nuevas.

    Durante el trueque se dan a cambio recompensas como libros, plantas, películas, prints de artistas y objetos interesantes.

    De esta manera queremos fomentar formas alternas de economía, la conciencia acerca de lo que consumimos y su procedencia, así como incrementar la vida útil de las prendas que usamos.

    Además, una parte de las piezas recaudadas son donadas al proyecto PILU “Pilares Unidos por la Educación” quien los hace llegar a personas de escasos recursos económicos.

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  • MONONA, o la reivindicación de la femineidad en tiempos del pantalón

    Todo comenzó en las tardes que pasaba hojeando enciclopedias en casa de mi abuela Flora. Me gustaba leer sobre geografía, ciencia y, sobre todo, historia. Pero lo mejor de aquellos tomos fantásticos de lomos multicolor guardados en la vitrina de cristal, eran las ilustraciones. Y de todas, mis favoritas, eran las de los trajes de otras épocas y otras culturas.

    Allí comenzó este amor por la vestimenta y los textiles que me han traído hasta hoy definiendo un estilo al que llamo Monona.

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    Hojeando la Enciclopedia Estudiantil aprendí que las mujeres siempre, en todas las épocas pasadas, y no importando en que lugar de la tierra habitásemos, usamos vestidos y faldas. Me derretía viendo a mis congéneres griegas, egipcias, flamencas o francesas envueltas en metros de tela en forma de vaporosos atuendos imperio, túnicas, faldas con cintura ceñida y amplio vuelo… Muchos estilos, colores y cortes, pero nunca encontré una sola en pantalón.

    Años después, me trasladé a la gran capital a estudiar arte dramático, e hice otro descubrimiento fantástico: las tiendas vintage y de segunda mano. La primera vez que aterricé en una bodega enorme del Ejército de Salvación creí que había entrado al paraíso. ¡Todo ese universo de telas y encajes con el que soñaba de niña podía hacerse realidad! Y entre compra y compra para vestir a los personajes de mis ejercicios en la escuela, iba nutriendo mi guardarropa de faldas, abrigos, bolsas y collares.

    Comencé a experimentar con la vestimenta, a combinar cosas que estaba de moda con estos hallazgos. Y en cada regreso a mi ciudad, asaltaba el ropero de mi abuela. Al principio me sentía un poco rara. Creo que muchas conocemos esa sensación de lucha interna entre la moda, en el vestir o el pensar, y nuestro propio estilo. Queremos encajar pero a la vez ser nosotras mismas. Pensamos en la vestimenta adecuada para el tipo de ocasión, y para decidir nos basamos en parámetros ajenos. Claro, a ninguna mujer nos gusta sentirnos ridículas.

    Y así, navegando entre la inseguridad y el atrevimiento, pasó más de una década. Hubo épocas en las que renegué por completo de los jeans, otras en que sólo usaba faldas y collares gigantescos, otras en que daba y tomaba tantas clases de teatro y danza que me la vivía en pants. Pero todas teñidas por esta idea romántica acerca del vestir que no terminaba de cuajar ni de volverse un estilo personal.

    Una nebulosa pues, en la que sabía que el asunto me fascinaba y que eventualmente en el futuro me gustaría darle un espacio en mi vida, pero no me parecía que esto pudiera convertirse en una ocupación, un trabajo, un proyecto.

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    Hasta que un día, terminé de juntar todo el valor que me quedaba por reunir y decidí emprender esto que hoy se llama Monona, una marca de ropa, complementos y accesorios creados a partir de textiles reutilizados, que recupero de prendas en desuso en buen estado.

    A partir de ese momento, no sólo mi vida se re definió y re significó por completo, sino que también me atreví a transmitir a mi estilo personal y a mis diseños todo ese bagaje que me viene acompañando desde niña. Y, como básicamente eso es lo que hago (¡y porque me encantan!!!) comencé a vestir casi exclusivamente de vestidos y faldas.

    Y toda esta historia viene a cuento de la idea que quiero transmitir y de un descubrimiento que hice en el uso de estas prendas y la observación derivada de mi tarea de diseñar ropa para mujer: en general, las faldas nos favorecen mucho más que los pantalones. Su soltura, ligereza, comodidad y, sobre todo, femineidad.

    Entiendo perfectamente que este último concepto, la femineidad, se ha transformado drásticamente en las últimas décadas. No me mal entiendas, no estoy haciendo una apología del cliché femenino, sino más bien reivindicando esta prenda que, con todos estos cambios de la mujer y sus roles e identidad, ha perdido bastante lugar. Sobre todo para no dejarnos envolver en nuevo cliché: la mujer contemporánea, la mujer emancipada e independiente, la mujer exitosa, es masculina, no usa falda.

    ¿Por qué amo tanto las faldas? Permiten libertad y amplitud de movimientos porque no aprietan, no ajustan. Esto la hace muchísimo más cómoda, sobre todo en los días en que todas nos sentimos inflamas y no queremos que nada se marque demasiado. Es fresca en verano. En invierno se ve fabulosa con la amplia y hermosa gama de medias que existen hoy en día. La falda cubre sutilmente, envuelve y acaricia con sus aleteos; en oposición a la descarada (y generalmente poco favorecedora) exhibición de un pantalón.

    Por supuesto, hay tipos de faldas para todo tipos de cuerpo. Hay a quienes no les gusta mostrar las rodillas, o quienes se sienten incómodas con un resorte a la cintura. En general, pienso que el largo midi (que puede ir desde la rodilla hasta la mitad de la espinilla) es el más favorecedor para casi todas.

    Hablando con tanta cantidad de mujeres como lo hago, me he dado cuenta de que a todas nos gustan las faldas y los vestidos, pero muchas pensamos que no son para nosotras por una gran cantidad de motivos.

    Y es que hay muchos mitos acerca de las faldas entre las mujeres de hoy: que si tienes mucha cadera no te quedan bien las faldas circulares, que si no tienes “buen cuerpo” no deberías usarlas porque te exhibes mucho (lo entrecomillo porque esta también es una idea que nos imponen los medios y el exterior, y yo creo que todo cuerpo es bueno desde el momento en que nos permite tener esta experiencia llamada vida, y que sólo por eso merece todo nuestro amor y cuidado, incluyendo cómo lo vestimos), que si eres chaparrita no deberías usar faldas por debajo de la rodilla, que si tienes niños o una vida con mucha actividad es incómodo usarlas, que además te expones a más miradas incómodas o tal vez a otras cosas más violentas que las miradas…

    Estos últimos puntos merecen mucha reflexión y profundización para no banalizarlos ni restarles la importancia que tienen. Mi interés en este artículo es centrarme únicamente en la inseguridad desde el punto de vista estético. Y, en este sentido, puedo decir que los mitos eso son: mitos, leyendas, creencias que adoptamos sin cuestionarnos, y que vale la pena romperlos, atreverse a experimentar para lograr un estilo personal que nos refleje. La ganancia será la satisfacción y seguridad que nos proporciona el ser auténticas, la comodidad de ser nosotras mismas.

    Esta es mi invitación: dejar de lado la imposición de las creencias familiares, sociales, mediáticas y ¡jugar! Probar, intentar, ensayar, escoger basadas en nuestro gusto y nuestra intuición, ignorar las objeciones y los peros, mezclar hasta lo que parezca descabellado, confiar en el error, confiar en los hallazgos, ¡confiar en una misma! Atrevernos a ser bellas y plenas más allá de los estereotipos y los cánones de la época, jugar mucho, jugar más y seguir jugando, vestirse para una, ¡vestirse como se te de la gana!

    Una buena manera de empezar: pon tu música favorita, abre tu closet de par en par, saca absolutamente todo lo que hay dentro, ponlo sobre la cama y empieza a probar nuevas combinaciones y formas de usar lo que ya tienes. ¡Sin restricciones! Eso que nunca se te hubiera ocurrido antes ¡seguro te queda fantástico! Olvida todo lo que sabes o te han dicho de lo que debe y no hacerse en materia de moda y déjate guiar por la intuición. Te divertirás mucho y le sacarás el máximo provecho a tu guardarropas.

    La única prohibición: decirte cosas del tipo esto me hace ver muy vieja, con esto parezco más gorda o esto otro me saca la lonja.

    Si quieres toneladas de inspiración sobre el estilo personal único y profundo, que sustenta toda una filosofía de vida, no dejes de ver el documental sobre la maravillosa Iris Apfel que dirigió Albert Maysles. Porque como ella misma dijo: “Es mejor ser feliz que estar bien vestida”.

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